12/6/08

PostHeaderIcon ¿La muerte de Superman?

Al inicio de la década de los 90, Superman, el icono más grande que había generado jamás la industria del mainstream americano, languidecía en una serie de cómics anodinos, de historias estúpidas e infantiles. Hasta que un buen día, decidieron matarlo. O eso pensaban.


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El auge y la popularidad que alcanzó el personaje allá por los años setenta, y en gran medida gracias al cine, había desaparecido, nadie parecía acordarse ya de Clark Kent ni mucho menos de Superman. A pesar de que su imagen se utilizaba en millones de campañas de publicidad y se comenzaba una serie de Tv con sus aventuras, si bien adaptadas a un público generalista, el personaje de cómic había muerto, se había esfumado de los corazones de la gente y ya nadie compraba sus historias y claro está nadie lo leía. Fue entonces cuando se les ocurrió la brillante idea de matarlo. De asesinarlo. Pero esta vez literalmente. No dejarían títere con cabeza. En una serie de historias inconexas, con dibujantes regulares y nada geniales, y con un villano carente de inteligencia y con poco diálogo, se mataba al icono. Se mataba al mito. Jamás un héroe ha sido tan maltratado. Tan ultrajado. Una muerte agónica, inocente, imbécil. Dejaba al lector con la idea incierta de que aquello no era verdad y de que si lo fuera, era tremendamente injusto. Y no por el fin en sí. Sino por el modo. Las maneras. Las formas. Véase la muerte de Elektra por Frank Miller, la de el Capitán Marvel de Jim Starlin, la saga de Fénix Oscura de Claremont, la muerte de Laura Palmer en Twin Peaks, la muerte en sí en A dos metros bajo tierra, Los Soprano, la muerte de Maude Flanders, Cien años de soledad, la muerte del rey Theoden de Rohan, la muerte de Elendil, la muerte de Jesús, Holofernes y Julio César, John Fitzerald Kennedy y Martin Luther King, la del rey Mufasa en el Rey León, el Holocausto Nazi, Mozart, Gandhi.................................. Por todas estas muertes y otras tantas, no se debería haber hecho aquello, aquella barbaridad, aquella ignominia. Y no me importa. Porque si el resultado era dar notoriedad al icono, no lo lograron. Fue un efecto de luces y sombras, ingenuo. Condenado a morir. A padecer en el olvido.
Y bien, ahora, cómo demonios os vendo el cómic del que hablo. No soy tan bueno. Ni me pagan por ello. Que les parta un rayo. Que les jodan. Que mi opinión no forje las vuestras ni de pie a malas interpretaciones, pero la verdad, la muerte es un tema muy serio, grave, dramático y por ello interesante y acojonante desde el punto de vista estético. Pero no vulgar. Ni obsceno. No tolero la pornografía visual sin mensaje. La idiotez en viñetas en un arte respetable. Que no me vengan con milongas. Que no me engañen. El arte es mayúsculo y creciente. Es vida y es muerte, es un diálogo directo entre su creador y el espectador, el lector, el receptor. Es un diálogo directo, un pacto tácito, un acuerdo amistoso. No banal. Que les parta un rayo a todos los que. Que les jodan a todos los que menosprecian, nos menosprecian. Ése no era el mensaje, esa no era la idea ni el código. Pero ese es el final. Y he leído mucha mierda, lo reconozco. Y moriré, válgame la ironía, leyendo mierda. Y porquería escupida por un falso profeta, un falso mesías. Aquí nadie me vende ni me vende productos defectuosos. La caverna de Platón. Eso pasó hace miles de años, joder, algunos aprendimos la lección. Aprendan ustedes. Haceros a la idea. Pensad. Dios mío, blasfemia, pensamiento libre y puro. Pensad. A veces redunda en ser muy sencillo. A veces redunda en un nuevo pensamiento. Y no temáis, porque no duele.

Edición original: The Death and Return of Superman Omnibus USA
Fecha de edición: abril de 2008
Guión: Varios autores, Dan Jurgens
Dibujo: Varios autores, Dan Jurgens
Tinta: Varios autores, Dan Jurgens
Color: Varios autores
Formato: Libro cartoné, 792 págs. Precio: 40€

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